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Amígdalas y adenoides (niños)

Si le mira la garganta a su hijo, verá una masa rosada de forma oval a cada lado. Son las amígdalas. Éstas producen anticuerpos durante los períodos en que el cuerpo está combatiendo una infección. Las adenoides no se pueden ver, a menos que utilice un espejo de dentista, puesto que están ubicadas entre la parte posterior de la nariz y la garganta. Si las adenoides o las amígdalas aumentan de tamaño, pueden causar dificultad para respirar y tragar.

Aunque la inflamación de las adenoides es frecuente en preescolares y niños pequeños, nadie sabe por qué aumentan de tamaño. A veces el engrosamiento se asocia a resfriados o alergias recurrentes. Hay niños que nacen con adenoides engrosadas o bien les aumentan de tamaño durante el primer año sin que haya ningún indicio de infección recurrente.

Si su hijo tiene las amígdalas inflamadas, usted lo podrá saber simplemente mirándole la garganta o escuchando cómo habla. La voz le cambiará un poco, como si estuviera hablando con algo grande dentro de la garganta, ¡que es precisamente lo que ocurre! Si le mira la garganta, verá que tiene la amígdalas engrosadas y, tal vez, más rojas de lo habitual.

No es fácil saber cuándo las adenoides están inflamadas. Es posible que su hijo se queje de tener la nariz tapada o menos olfato que de costumbre, o es posible que usted se dé cuenta de que respira por la boca. Pero la mayoría de los niños que tienen adenoides engrosadas no se quejan porque están acostumbrados a ello. Exceptuando algunos casos extremos, la inflamación de las adenoides no suele provocar problemas de salud.

La obstrucción nasal ocasional debido a la inflamación de las adenoides no debe ser motivo de preocupación. Los síntomas suelen desaparecer en cuanto remite la infección o la reacción alérgica. Sin embargo, la inflamación persistente de las adenoides puede acabar convirtiéndose en un problema. Usted puede sospechar que su hijo tiene una inflamación persistente de adenoides si:

  • Suele respirar casi siempre por la boca en vez de hacerlo por la nariz.
  • Tiene una voz nasal: habla como si tuviera la nariz tapada (fañoso).
  • Respira sonoramente por el día y ronca por la noche.
  • Por las noches, deja de respirar momentáneamente una o varias veces mientras ronca o respira haciendo mucho ruido. (Este trastorno, denominado "apnea del sueño", rara vez despierta al niño.)

En casos extremos, el niño puede tener tal dificultad respiratoria que esto interfiera con el intercambio normal de oxígeno y dióxido de carbono en los pulmones. Esto es algo raro, pero muy importante de diagnosticar. Si su hijo tiene serias dificultades para respirar, está adormilado durante el día y le falta energía a pesar de haber dormido lo suficiente, coménteselo al pediatra.

Tratamiento

Si su hijo tiene síntomas de agrandamiento de las amígdalas o de las adenoides, y no parece mejorar en varias semanas, coménteselo al pediatra. Si éste cree que el agrandamiento es significativo, recomendará uno de los siguientes cursos de acción:

Observar y esperar

Si usted acaba de detectar los síntomas, probablemente el médico pospondrá cualquier tratamiento hasta estar seguro de que, efectivamente, hay un problema que conviene tratar. A menudo las amígdalas o las adenoides disminuyen de tamaño sin necesidad de tratamiento. Aun así, cuanto más dure la inflamación, más probabilidades habrá de que sea necesario aplicar un tratamiento.

Administrar antibióticos

Es posible que el pediatra decida recetarle antibióticos a su hijo para combatir la infección que pueda estar provocando la inflamación.

Cirugía (Amigdalectomía y adenoidectomía)

Aunque ambas intervenciones se practicaban (a menudo simultáneamente) casi de forma rutinaria en el pasado y siguen siendo las operaciones más frecuentes en la población infantil, no fué sino hasta hace muy poco que se pudo estudiar su efecto a largo plazo. A la luz de los resultados obtenidos en investigaciones recientes, los médicos hoy en día son más conservadores a la hora de recomendar este tipo de tratamiento.

La Academia Americana de Pediatría recomienda la cirugía sólo en las siguientes circunstancias:

  1. Cuando, debido a la inflamación de las adenoides o las amígdalas, el niño tiene las vías respiratorias tan obstruidas que el intercambio de dióxido de carbono y oxígeno que tiene lugar en los pulmones no puede realizarse con normalidad. (Una señal de que esto ocurre es que el niño deje de respirar durante varios segundos mientras duerme.) Si sospecha que a su hijo le ocurre esto, debe ser evaluado a fondo.
  2. Si su hijo tiene las amígdalas tan agrandadas que tiene serias dificultades para tragar o respirar, o ambas cosas a la vez. (Esto justifica tanto la amigdalectomía como la adenoidectomía).
  3. Si el agrandamiento de las adenoides provoca serias molestias al respirar y distorsión del habla severa. (Se recomienda una adenoidectomía).

Consideramos que la cirugía sería razonable pero no "urgente" en las siguientes circunstancias:

  1. Si el niño tiene siete episodios de dolor de garganta severo acompañado de infección provocada por estreptococos u otros síntomas de enfermedad importante en un año; o cinco episodios anuales durante dos años seguidos; o tres episodios anuales durante tres años seguidos. Por "síntomas de enfermedad importante" entendemos: fiebre de 101° Farenheit (38.3° centígrados) o más alta, ganglios linfáticos del cuello inflamados o doloridos, o una capa de pus en las amígdalas o la garganta.
  2. Si hay una infección lo suficientemente grave como para provocar un cúmulo de pus (un absceso) alrededor de las amígdalas o detrás de ellas.
  3. Evidencia de amigdalitis por un período de seis meses a pesar del tratamiento con antibióticos.
  4. Las amígdalas o los adenoides están tan agrandadas que el niño tiene dificultad para tragar o respirar, o bien respira frecuentemente por la boca o ronca mucho por las noches (asociado o no a episodios ocasionales de apnea del sueño).
  5. Ganglios linfáticos cervicales (los que están debajo del ángulo de la mandíbula inferior) crónicamente inflamados (durante un mínimo de seis meses) a pesar del tratamiento con antibióticos.
  6. Infecciones de oído recurrentes incluso después de haberle implantado tubos de ventilación (esto justificaría una adenoidectomia).

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