Bebe y niños

Volver a la sección Bebe y niños

Anuncios

Alertas de salud en el bebe recién nacido

Hay algunos trastornos físicos que son comunes durante las primeras semanas de vida. Si percibe alguno de los siguientes, póngase en contacto con el pediatra.

Distensión abdominal. La mayoría de bebés tiene el abdomen protuberante, sobre todo después de una toma copiosa. Entre tomas, sin embargo, el vientre del bebé debe sentirse blando al tacto. Si el abdomen de su bebé está hinchado y duro y lleva más de dos días sin tener deposiciones o ha tenido vómitos, llame al pediatra. Lo más probable es que el problema se deba a un exceso de gases o a estreñimiento, pero podría ser el síntoma de un problema intestinal más grave.

Lesiones perinatales. Un bebé puede lesionarse durante el parto, si éste es largo o difícil, o si él es muy grande. El tipo más habitual de lesión es la rotura de una clavícula, que suele curarse bastante deprisa si el brazo de ese mismo lado se mantiene relativamente inmóvil. En tal caso, su pediatra le indicará como debe actuar. Es posible que, al cabo de unas semanas, se forme una pequeña protuberancia en el lugar de la fractura. No se preocupe; esto es un síntoma positivo de que se está soldando el hueso y de que el proceso de curación avanza.

La debilidad muscular, provocada por la presión y los estiramientos de los nervios unidos a los músculos, es otra de las posibles consecuencias de un parto complicado. Suele afectar a un lado de la cara, a un hombro o a un brazo y suele desaparecer al cabo de varias semanas. Mientras tanto, conviene preguntarle al pediatra cómo cargar y alimentar al bebé para acelerar el proceso de recuperación.

Color azulado o cianótico. El hecho de que un recién nacido tenga las manos y los pies azulados no debe ser motivo de preocupación. Su cara, lengua y labios, de vez en cuando pueden adquirir una tonalidad azulada cuando llore muy fuerte; pero, en cuanto se calme, estas áreas deberían recuperar rápidamente su color original. Así mismo, si las manos y los pies se le vuelven azulados con el frío, deberían recuperar su color al entrar en calor. Tener un color azulado persistentemente es síntoma de que el corazón o los pulmones no están funcionando correctamente y de que la sangre no se está oxigenando suficientemente. En estos casos, el bebé debe recibir atención médica inmediata.

Tos. Si su hijo traga la leche muy deprisa o intenta beber agua por primera vez, es posible que tosa o se atragante un poco; pero la tos debería desaparecer en cuanto se familiarice con la rutina de la alimentación. Si persiste la tos o su hijo se atraganta frecuentemente durante las tomas, consulte al pediatra. Estos síntomas podrían indicar un problema subyacente en los pulmones o el aparato digestivo.

Llanto excesivo. Todos los recién nacidos lloran, a menudo sin motivo aparente. Si su hijo llora, a pesar de haber comido suficiente, haber eructado, estar abrigado y tener los pañales recién cambiados, la mejor táctica será probablemente cogerlo en brazos, arrullarlo y hablarle o cantarle algo hasta que deje de llorar. No va a "malcriar" a un bebé tan pequeño por el hecho de prestarle mucho atención. Si no consigue calmarlo, envuélvalo en una cobija bien ajustada.

Usted acabará acostumbrándose al patrón normal de llanto de su bebé. Si alguna vez le parece que está llorando de una forma distinta —por ejemplo, si suena más como un quejido o un lamento— o si el llanto persiste durante más tiempo de lo habitual, podría indicar un problema médico subyacente. Llame al pediatra y pídale consejo.

Marcas de fórceps. Cuando se utilizan fórceps durante el parto, el bebé puede tener marcas rojas y hasta razguños superficiales en la cara y la cabeza, en las partes donde el metal presionó sobre la piel del bebé. Estas marcas deberían desaparecer en pocos días. A veces, pueden aparecer unos bultitos duros aunque poco prominentes debido al tejido que ha sido lesionado debajo de la piel. Estos bultitos también deberían desaparecer en unos dos meses.

Ictericia. Muchos lactantes normales y sanos presentan una tonalidad amarillenta en la piel durante los primeros días de vida. Este trastorno, denominado "ictericia fisiológica", se debe a que su sangre contiene demasiada bilirrubina, una sustancia química que se forma durante la ruptura normal de viejos glóbulos rojos. La sangre de cualquiera de nosotros contiene pequeñas cantidades de bilirrubina, pero los recién nacidos suelen tener niveles más elevados de esta sustancia porque tienen un exceso de glóbulos rojos en el momento del nacimiento y su hígado, todavía inmaduro, tiene dificultades para procesar este exceso de bilirrubina.

Si el nivel de bilirrubina aumenta por encima de lo normal, la ictericia se manifestará primero en la cara, después en el pecho y el abdomen y finalmente en las piernas. Normalmente, después de ir aumentando progresivamente durante varios días, la ictericia suele remitir sin que sea necesario aplicar ningún tratamiento. Si el nivel de bilirrubina es muy elevado y no desciende, existe el riesgo de que se lesione el sistema nervioso. Su médico solicitará que le hagan análisis de sangre a su hijo para determinar la causa de la ictericia y es posible que recomiende que lo traten con fototerapia. Este tratamiento consiste en exponer al bebé a la radiación de unas lámparas tipo fluorescente durante un día o dos hasta que el hígado madure lo suficiente para metabolizar el exceso de bilirrubina. La luz solar normal tendría el mismo efecto, pero no es lo suficientemente intensa como para provocar la respuesta deseada. Exponer al bebé directamente a los rayos del sol, no sería más eficaz, y es algo que debe evitarse, por el peligro asociado de que sufra quemaduras solares.

La leche materna puede interferir con la capacidad del hígado para procesar la bilirrubina, por lo que algunos bebés amamantados pueden tenar episodios más largos de ictericia. Cuando ocurra esto, probablemente el pediatra le recomendará que deje de darle el pecho a su hijo durante un período de tiempo breve (no superior a las cuarenta y ocho horas) para que descienda el nivel de bilirrubina. Este enfoque se adoptará sólo cuando sea estrictamente necesario, puesto que el hecho de que el bebé succione frecuentemente el pecho materno durante los primeros días es fundamental para estimular la producción de leche.

Aletargamiento y adormilamiento. Todos los recién nacidos se pasan la mayor parte del tiempo durmiendo. Siempre y cuando su hijo se despierte de vez en cuando, coma bien, elimine bien, se vea sano, y esté alerta durante parte del día, es perfectamente normal que duerma durante el resto del tiempo. Pero si casi nunca está alerta, nunca se despierta espontáneamente, parece estar demasiado cansado o desganado cuando se le da el pecho o el biberón, debería ponerse en contacto con el pediatra. Este aletargamiento —sobre todo si se trata de algo que no es habitual en él—  podría ser el síntoma de una enfermedad grave.

Dificultades para respirar. Después de nacer, a su hijo le costará varias horas establecer un patrón de respiración normal, pero a partir de ahí no debería tener dificultades para respirar. En el caso de que presente algunos de los siguientes síntomas, informe inmediatamente al pediatra.

  • Respiración rápida (más de sesenta respiraciones por minuto).
  • Retracciones intercostales (hundimiento visible de los músculos que hay entre las costillas, con proyección de estas últimas hacia afuera).
  • Dilatación de los orificios de la nariz.
  • Respiración quejumbrosa.
  • Persistencia de un color azulado en la piel.

Cordón umbilical. Mientras el cordón umbilical vaya cicatrizando antes de desprenderse, usted deberá mantener el extremo limpio y seco. Cada vez que le cambie los pañales al bebé, utilice un algodón húmedo (mojado en alcohol y escurrido) para limpiar la sustancia pegajosa que a veces se forma en el área donde el muñón entra en contacto con la piel. Estas curas, así como exponer el muñón al aire, contribuirán a que el cordón se vaya secando y cicatrizando. Al cambiarle los pañales a su hijo, dóblelos por debajo del ombligo, de tal modo que evite que la orina lo moje. Es posible que encuentre varias gotas de sangre en el pañal cuando el muñón umbilical se desprenda o esté a punto de hacerlo. No se preocupe: es completamente normal. Sin embargo, en caso de que llegara a infectarse, debe recibir tratamiento médico. Por lo tanto, avise al pediatra si detecta cualquiera de los siguientes signos de infección:

  • Pus en la base del cordón.
  • Piel enrojecida alrededor de la base del cordón.
  • Llanto cuando le toca el cordón o la piel adyacente (Si su hijo llora cuando se le pone alcohol es normal porque este está frío, pero si llora cuando le toca el cordón con el dedo, no lo es).

Granuloma umbilical. En contadas ocasiones, después de que el cordón umbilical se haya desprendido, el área adyacente sigue estando húmeda y se inflama ligeramente. Esto recibe el nombre de granuloma umbilical. Si es de tamaño reducido, el pediatra lo tratará aplicándole una sustancia desecante denominada nitrato de plata. Si esto no es efectivo o si el área aumenta de tamaño o profundidad y supura, es posible que se tenga que extirpar quirúrgicamente. Se trata de una intervención muy sencilla que no requiere anestesia ni hospitalización.

Hernia umbilical. Si el cordón umbilical de su hijo parece proyectarse hacia fuera cuando llora, es posible que tenga una hernia umbilical. Se trata de un pequeño agujero en los músculos de la pared abdominal que permite que el tejido sobresalga cuando se ejerce una presión en el interior del abdomen (por ejemplo, cuando el bebé llora). No es nada grave y suele curarse por si sola durante los primeros doce a dieciocho meses. (En los bebés de raza negra tarda más en curarse). En el caso improbable de que el agujero no cierre, debería cerrarse quirúrgicamente.

Anuncios
Bebe y niños

Volver a la sección Bebe y niños