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Alergia a la leche

Todos hemos oído hablar de niños alérgicos a la leche de vaca. Aún así, se trata de un problema poco frecuente. Sólo uno de cada 100 niños presenta una verdadera intolerancia a la leche. Este problema suele manifestarse durante los primeros meses de vida, cuando el sistema digestivo del lactante está todavía bastante inmaduro.

Si hay antecedentes familiares de alergias, el niño tendrá más probabilidad de presentar este problema. Si se le da fórmula de leche de vaca desde el principio, esta probabilidad aumentará aún más. Darle el pecho a un niño permite retrasar, e incluso, a veces, evitar, la aparición de este tipo de alergia. En contadas ocasiones, un bebé muy sensible puede presentar alergia a la leche aun siendo amamantado, debido a que los productos lácteos consumidos por la madre le pueden llegar a través de la leche materna.

Los síntomas de la alergia a la leche pueden aparecer prácticamente en cualquier momento, desde unos minutos hasta varias horas después de consumir el producto, pero los síntomas más graves suelen presentarse durante la primera media hora. Los más habituales son:

  • Cólico: intranquilidad, agitación y llanto inconsolable, que generalmente alteran el patrón de sueño.
  • Vómitos y/o diarrea.

Síntomas menos frecuentes:

  • Estreñimiento.
  • Hemorragias en el tracto digestivo.

Si la alergia afecta al sistema respiratorio, es posible que el bebé también tenga la nariz tapada o secreciones nasales, tos, sibilancias o dificultad para respirar. La alergia también puede provocar eccema, inflamación, urticaria, picor, o erupciones alrededor de la boca y en las mejillas, debido al contacto con la leche.

Si usted sospecha que su hijo puede ser alérgico a la leche, informe al pediatra y no olvide comentarle si hay antecedentes familiares de alergias. Lleve inmediatamente a su hijo a la consulta del médico o al servicio de emergencia más cercano en caso de que:

  • Tenga dificultad respiratoria.
  • Se ponga azul.
  • Esté extremadamente pálido o débil.
  • Tenga una urticaria generalizada por todo el cuerpo.
  • Se le hinche la cara y el cuello.
  • Haga diarrea sanguinolenta.

Tratamiento

Si el pediatra sospecha que su hijo es alérgico a la leche, primero eliminará por completo los productos lácteos de su dieta durante cierto tiempo para ver si se produce alguna mejoría. En caso afirmativo, es posible que el pediatra haga una prueba para confirmar la alergia y evaluar su gravedad, reintroduciendo de forma controlada la leche en la dieta del niño. Así podrá comprobar si los síntomas disminuyen o desaparecen al eliminar la leche y si vuelven a aparecer al reintroducirla. Este tipo de pruebas debe realizarse con precaución y bajo supervisión médica. Un lactante alérgico a la leche puede enfermar rápidamente, incluso si tan sólo toma una cantidad reducida de leche.

El pediatra puede recetarle diversos medicamentos para tratar los síntomas de la alergia a la leche. Estos incluyen antihistamínicos, descongestionantes y antiasmáticos (si el niño jadea). De todos modos, el tratamiento principal deberá consistir en eliminar la leche y sus derivados de la dieta del niño (o de la dieta de la madre, en el caso de que ésta le esté lactando). Al eliminar la leche durante un período de tiempo suficientemente largo, la mayoría de los niños acaban superando la alergia. Un niño tiene el 50 por ciento de probabilidades de superar la alergia cuando tenga un año, el 75 por ciento a los dos años, y el 85 por ciento a los tres o cuatro. Esta alergia raras veces se prolonga hasta la adolescencia.

Mientras persista, los niños afectados deben dejar de consumir queso, yogur, helados y fórmula elaborada con leche de vaca, así como cualquier producto o plato que contenga leche. Usted también deberá buscar en las etiquetas de los productos el nombre de los siguientes ingredientes: caseína, caseínato y suero. Éstos son productos derivados de la leche que también deberá evitar. Un infante alimentado con biberón necesitará tomar un substituto de la fórmula hecha con leche de vaca, como, por ejemplo, la leche de soya. Si también es sensible a las proteínas de la soya (algunos lactantes son alérgicos tanto a la leche como a la soya), el médico le recomendará algún otro substituto. Algunos niños sensibles toleran la leche evaporada diluida, puesto que el proceso de calentamiento utilizado en su elaboración altera algunas de las proteínas de la leche. La leche de cabra no debe utilizarse como substituto debido a su similitud con la leche de vaca. Los niños mayores, que pueden ingerir una variedad de alimentos sólidos ricos en calcio, no suelen necesitar ningún substituto.

Si usted le da el pecho a su hijo y éste desarrolla una alergia a la leche de vaca, usted deberá dejar de consumir leche y derivados lácteos (al tiempo que empieza a tomar suplementos de calcio y vitaminas). Cuando destete a su hijo, retrase todo lo que pueda el momento de darle leche de vaca y désela al principio con mucha precaución y siempre bajo la supervisión del pediatra.

Es posible que tenga la tentación de "romper" la dieta cuando desaparezcan los síntomas de la alergia. ¡No lo haga! Si le da a su hijo incluso pequeñísimas cantidades de leche o derivados lácteos, es posible que siga teniendo síntomas leves o reacciones alérgicas aparentemente asintomáticas y hasta podría llegar a adquirir alergias a otros alimentos. Así mismo, actuando de este modo usted podría prolongar la alergia a la leche y reducir la probabilidad de que su hijo acabe superándola.

No nos cansamos de enfatizar la importancia de eliminar por completo la leche y sus derivados de la dieta de un niño alérgico a leche. Si se ignora la alergia, ésta podría asociarse a complicaciones potencialmente graves, entre ellas: deshidratación por vómitos o diarrea, pérdida de peso por diarrea crónica, anemia provocada por hemorragias intestinales, eccema infectado, graves dificultades respiratorias y, de forma ocasional, una inflamación de los pulmones similar a la neumonía recurrente. La peor de las complicaciones posibles, el shock anafiláctico agudo, es poco frecuente, pero puede ser fatal.

Prevención

En resumen, el lactar un infante es la mejor forma de prevenir que desarrolle una alergia a la leche. Sobre todo si su familia tiene historial de alergias, usted debe intentar lactar a su hijo el máximo tiempo posible, preferentemente hasta que tenga seis meses o más. Mientras tanto, usted debe minimizar o tal vez eliminar los productos lácteos de su propia dieta. Y, cuando empiece a darle comida sólida a su bebé, deberá introducir los nuevos alimentos de forma gradual, uno cada semana o dos semanas, vigilando la aparición de los síntomas de alergia mencionados.

Si no puede amamantar a su bebé, su pediatra le ayudará a seleccionar la mejor fórmula.

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