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Ahogamientos de niños

Los niños se ahogan por dos motivos: por caer en aguas demasiado profundas, o porque quedan atrapados mientras tienen la cara sumergida. En niños pequeños esto puede pasar incluso en pocas pulgadas de agua. La respuesta natural ante estas situaciones es aterrorizarse, forcejear y dejar de respirar o aguantar la respiración. Cuando, al final, el niño no aguanta más y tiene que respirar, inhala agua y se ahoga. El ahogamiento se refiere a las muertes provocadas por inhalación de agua. Cuando se rescata al niño antes de morir, nos referimos a este episodio como casi-ahogamiento.

Cómo actuar

En cuanto su hijo esté fuera del agua, compruebe si respira. Si no lo hace, inicie la resucitación cardiopulmonar inmediatamente. Si hay alguien más con usted, pídale que llame a emergencias médicas, pero no pierda un tiempo precioso buscando a alguien ni intentando sacar el agua inhalada de los pulmones del niño. En lugar de ello, concéntrese en la resucitación cardiopulmonar hasta que el niño respire por sí solo y tenga entre ochenta y cien pulsaciones por minuto. Es muy probable que, durante el proceso de reanimación, el niño vomite parte del agua que ha tragado. Usted no debe interrumpir la resucitación para pedir ayuda hasta que el niño vuelva a respirar con normalidad y haya recuperado el pulso. Cuando lleguen los paramédicos, le administrarán oxígeno y, si es necesario, seguirán con la resucitación cardiopulmonar. Entonces podrá llamar al pediatra para que le dé instrucciones.

Todo niño que haya estado a punto ahogarse debe tener una evaluación médica completa, aunque parezca estar bien. Si dejó de respirar, tragó agua o estuvo inconsciente, debe permanecer bajo observación por lo menos durante veinticuatro horas para comprobar que no se lesionó el sistema nervioso o respiratorio.

El tiempo que tarde un niño en recuperarse después de haber estado a punto de ahogarse dependerá del tiempo que haya estado sin recibir oxígeno. Si estuvo bajo del agua por poco tiempo, probablemente se recuperará por completo. Pero, si permaneció mucho rato bajo del agua, es posible que la falta de oxígeno deje secuelas en los pulmones, el corazón y el cerebro. Si un niño no responde rápidamente a la resucitación cardiopulmonar, probablemente tendrá más secuelas que si reacciona de forma inmediata. De todos modos, debe seguir intentándolo, puesto que la resucitación cardiopulmonar ha permitido revivir literalmente a niños aparentemente sin vida o que habían estado sumergidos en aguas muy frías durante largos períodos de tiempo.

Prevención

Los niños menores de tres años y los que sufren de retraso mental o epilepsia son particularmente propensos a ahogamientos, pero cualquier niño corre peligro si se le deja jugar en el agua o cerca de la misma sin la debida supervisión. Incluso un niño que sepa nadar puede ahogarse en áreas llanas si se asusta o se pone nervioso. Por lo tanto, no deje nunca que un niño de cualquier edad nade sin supervisión y esté muy pendiente cuando haya niños pequeños jugando en las inmediaciones de una piscina, un lago, un río o similares.

Sin embargo, los sitios donde se nada no representan el único peligro de que un niño se ahogue. Por ejemplo, la exploración de un inodoro o un cubo de agua por un niño pequeño, puede desencadenar una tragedia. No deje nunca cubos llenos de agua donde su hijo pueda acercarse. Vacíe o cubra con un plástico las piscinitas cuando deje de utilizarlas. Vacíe prontamente todo envase grande de agua. Cierre la tapa del inodoro y, si su hijo es muy activo y curioso, cierre el baño con pestillo. No deje cubos con ni siquiera unas pocas pulgadas de agua o detergente cerca de un niño pequeño. No deje nunca a un niño menor de cuatro años cerca de una bañera que se está llenando ni dentro de una bañera llena de agua.

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